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Alma Carbajal – Writer

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Atmosferas literarias

Parafraseando el arte

Por: Alma A. C. Carbajal Guzmán

 

 

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Todos nos damos cuenta de que necesario es el arte, en cada una de las etapas de nuestra vida. La pintura y el primer contacto que se plantea con esta rama del arte, en nuestros primeros años de vida son esenciales.  El crear tomando de la mano  lo tangible,  lo que se ve, siente y a veces se respira. En los años de la infancia tomamos la esencia de crear, como un juego donde podemos descomponer y componer a gusto – sin embargo, no nos damos cuenta que con los años, vamos perdiendo ese instinto de creación – destrucción, porque nos enseñan a ser lo más preciso posible, en nuestras acciones, expresiones, trabajos y no importa como sea el proceso, en tanto que carezca de errores; la persona entra en una cadena, en la que no tendrá fallos, el único fallo podría ser,  el ser creativo – es importante no dejar de lado, aquellos instintos creativos que crecieron con nosotros a lo largo de la vida. Según vamos formándonos, hay asignaturas que nos llaman la atención, ya sea porque están ligadas más formalmente a la ciencia o las artes; muchas personas ven un respiro al enfocarse a las bellas artes, donde el alma puede expresarse en completa libertad, lejos de razonamientos un tanto pesados, para que la libre creación trascienda la generación de otro creador.

 

“El hombre no puede crear sin destruir simultáneamente” esta frase  de Alvar Aalto – arquitecto y diseñador finlandes – nos ayuda a comprender, que cuando creamos y hacemos arte, una parte dormida de nuestro ser va quedándose en el proceso, algo muere para que algo tome vida de nuestra propia esencia, ya sea en la literatura, pintura, escultura o en el teatro mismo, algo de nuestro yo se descompone para darle un hálito de vida a lo creado. Conforme vamos creciendo adquirimos un cierto proceso personal al momento de crear, que puede sufrir transformaciones a lo largo de la existencia, las circunstancias,  o de lo que nos sorprenda en lo que al mundo se refiere. El arte suele capturar momentos, hechos, antagonismos en la historia del mundo, para crecer con ellos, para pasar página y poder ver que hasta lo malo que sucede, puede producir una creación de magnitudes estéticas sorprendentes. Esta virtud de crear algo bello a través de algo burdo o desastroso, es recomponerse desde lo más profundo del alma, con nuestra parte humana, una que no vemos muchas de las veces, ya que la mayor parte del tiempo solemos llevar una armadura; el arte nos libera, para no olvidar que al crear compartimos con otros la parte más humana de nosotros mismos.

 

 

 

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Esta obra de ALMA A. C. CARBAJAL GUZMÁN está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Carta perdida un hórrido 19 de Octubre

 

Por: Alma A. C. Carbajal Guzmán

 

 

 

Para M.A. V.

 

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19 Octubre 2000

El roció de las flores profetiza que todavía hay lágrimas que permanecen después de la tormenta. Se que mi tristeza nunca acabara hasta que haya otro sortilegio que pueda liberarme de tu mirada. Yo, esta Eva incauta y confiada, fue desterrada de tu costilla, solo para darme cuenta que tu paraíso no estaba conmigo, sino en los ojos de quienes te crearon; me sentí traicionada y llore a un Dios Pagano por justicia, por una respuesta a la mentira de que venimos de a dos. Tú no eres un ser metamórfico, añadiste tanta importancia a otras personas que te volviste una roca conmigo; entonces tu voz fue palideciendo, haciéndose tan pequeña que se perdió en el horizonte, tuve momentos felices cuando eso paso, porque quizá lo nublado de mis días desaparecería, pero tú como vendaval regresaste a reclamar algo que ya no era tuyo, quede fulminada por la encandilable luminosidad de tu capricho. Las lagrimas volvieron cada tanto con los cambios de estación, pedí al firmamento que se tragara mi dolor y lo reflejara al otro lado del mundo, pero no fue así. Ahora quedo sola y acompañada – por alguien que no entiende, que jamás entenderá – solo resta esperar el diluvio o la separación aunque eso me convierta en una estatua de sal. Tanta incomprensión no puede volverse a mirar.

Cuando se detendrá este diluvio antes de correr hacia el mar? Aún no lo se.

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I HATE THE SUMMER

Por: Alma A. C. Carbajal Guzmán

 

 

 

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Los días calurosos de infierno se antojan indigestos de invierno. Eran las cuatro de la mañana, la pesadilla sacudió el sueño, como si este fuera un terremoto premeditado sobre el cuerpo; desperté, bajé las escaleras sin zapatos, hacia un frió que recorría cual serpiente la piel descubierta de mis hombros.

Tomé la lampara y vertí su luz en el lomo de la oscuridad, esperando que la pesadilla que todavía  pernoctaba en la boca del estomago se disipara, para dar entrada a la tranquila “realidad”. Suspire, y decidí volver a la cama, no fue posible a pesar de mi adormecimiento introspectivo, fijé la vista en la ventana, sonreí, los pocos de nieve se precipitaban al suelo, parecidos a pétalos de rosas blancas, anunciaban la llegada de la gélida novia, que cubría con su velo las calles, autos y tal vez, al igual que yo también,  alguien estaba siendo cubierto por la sorpresiva y suave ventisca de cambio de estación.

Recordé sonatas de piano que mi padre tocaba para que conciliara el sueño; él era pianista, murió de cólera cuando yo solo tenia diez años, por ahora solo puedo quedarme con la partitura en memoria de una canción escuchada una y otra vez, silbada sutilmente por el viento helado. El asesino de mi padre, el autor intelectual del crimen fue el verano; con su asfixiante atmósfera, vuelve a los sentidos una masa pegajosa, el  mal carácter sube en el termómetro del animo y todos esperamos que la noche caiga de sopetón, para que amedrente el hirviente vaho de la insufrible estación.

Por esa razón desprecio lo que denota una estúpida alegría veraniega, los juegos que los niños comparten divertidos al chapotear en el agua, refrescándose las risas con helado. De alguna manera el invierno se instauro en mi, acogió el dolor, congeló mis lagrimas para que ya no sufriera. Y así en la calidez de la chimenea contradictoriamente paso el invierno en su regazo, para no sentir nada, para de alguna manera irónica poder sobrevivir a los ardores ridículos del amor; porque el ser humano es voluble y así más rápido que tarde, las cenizas llegan para poner sobre la  propia garganta un nudo, ahogándote desde dentro con la angustia de un sentimiento perdido.

Ojala y esta nevada dure un poco más, porque el llanto cálido de estos recuerdos, confunden mi meta de llegar a cristalizar estos sentimientos, que pretendo con toda alevosía hacerlos dormir en la mortaja helada de mis pensamientos.

 

 

 

 

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