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Alma Carbajal – Writer

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Alma Angelina C. Carbajal Guzmán

Deseos ahogados

 

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Photo by Brooke Shaden

 

 

 

Una palabra, dos, tres

pierdo aire,

un latido, dos, tres

pierdo corazón,

una lagrima, dos, tres

pierdo deseo.

 

 

 

Devoro a besos todos aquellos deseos,

ahogados.

Entre labios aún quedan estelas

de añoranza

tardía,

espejismos

que se pierden en mi pecho.

 

 

Como no ser melancolía pura,

si vivo,

y me han alimentado de ahogados deseos,

ahora mi alma no puede ser otra.

¿Acaso puede serlo?

 

 

Al final de cada beso,

lanzo una dulce y húmeda maldición

… el amor

te encontrará en el océano de otros ojos,

en el rumor de otra tormenta,

en el final de una agonía,

en la esperanza de una última palabra.

 

 

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Esta obra de ALMA A. C. CARBAJAL GUZMÁN está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

 

DESCONEXIONES

ALMA A.C. CARBAJAL GUZMÁN

 

 

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INMORTAL

 

No muero, busco sombras, sin embargo no muero

el fantasma de un corazón palpita invisible,

una canción anónima

me habla de recuerdos y miradas.

 

Bebo emociones, más sigo con sed

me alimento de sonrisas, pero mis labios continúan famélicos,

respiro la rutina de los días,

sin saber que cada hora,

el hastío rasga sobre mi alma

esa arruga oscura y profunda

que ni el olvido alcanza a disipar.

 

Vuelvo con los ojos ahogados de otros ojos,

vuelvo a casa, con los pies llagados del camino desconocido,

vuelvo a mirarme en los actos del pasado,

inmortal

reflejo de un espíritu ciego,

que dejó el amor,

recuerdo constante de hazañas inconclusas

de guerras ascendidas, a planos desconocidos,

para los errantes del corazón.

 

 


 

 

 

AYER

 

 

Las carpas del ayer se levantaron sin rumbo,

buscaban aplausos de papel,

recordando precisas

funciones fallidas.

 

Tras el éxito del sentimiento

ningún salto se complicaba,

abrazos que fluían con gran maestría,

corazón,

sonrisas acróbatas y  ánimo de multitudes.

 

Ella quedó en la cuerda floja,

¿Había caído?

como saberlo, si cuando se levantó, ya no era más su cuerpo

su mente no era más su mente,

había mudado a una ciudad fría donde se respira desolación,

donde la bruma invisible del recuerdo, empaña los ojos una y otra vez.

 

 

En el desolado campo de su piel,

el último acto,

función de silencios,

la repetición no busca abandonar la silla,

horas muertas parpadean en su cabeza.

 

 

 

Hay esperanza, ayer no.

Ayer fuimos una sola,

que buscó el presente tras el reflector de una palabra,

dos horas, tres minutos, un segundo

que caiga el telón.

El mañana es presente, el  ayer, ayer, ayer es hoy.

Soy yo.

 

 


 

 

NADA

 

Nada, no hay nada

 

 

La nada se incrustó una tarde,

llana como la lumbre

buscó devorar los afiches de mi memoria.

 

Nada, no hay nada.

 

La nada bebió todo,

los recuerdos en un solo trago

las aflicciones a sorbos

y la templanza la dejó añejar

para degustarla en abreviaturas y suplicas.

 

Nada, no hay palabras.

 

 

 

La nada creo nuevos laberintos en mi cabeza,

cosió la boca de mi alma

y cerró mis ojos,

ahora busco alguien que interprete mi silencio,

anónimo,

alguien del pasado

y mañana, mañana

seré vidente de la nada.

 

Nada, nada, nada

¿Nada? ¡Si!

Al final,

Nada… nada… ¿algo?

 

 


 

 

 

PLEGARIA OBLIGADA

 

 

 

La sanguinaria rutina ha herido mis risas,

ha herido mis pies,

matado mi asombro

ha mutilado mi memoria

y con su mano sombría,

todos aquellos lugares que alguna vez concebí.

 

 

 

Convertido en fervoroso adepto del horario,

el comentario traspasa mis sentidos una y otra vez,

lenguas de sable

hacen pedazos mi humanidad,

una sola religión queda al final

el trabajo.

 

 

 

 


 

 

 

 

TRES VECES

 

Tres veces toqué

para despertar

al rompecabezas de mi oscuridad.

 

 

Tres veces toqué

tres veces morí

tres veces el desconocido volvió a mí,

con la razón impura,

con el ocaso de su alma desfigurada

lo regresé al olvido,

a la tumba inquieta del hastío,

sólo tres susurros

nunca más volvió a morir.

 

Tres veces sobre las tinieblas,

tres veces busqué

heridas tardías

que sobre la piel ardían,

desoladas todavía.

 

Bajo la luz tres parpadeos:

la hora del arrepentimiento.

Tres gritos enmudecidos

derramados sobre la alfombra,

alumbran pedazos de realidad.

 

 

Entregué las condolencias de mi piel

y sin sentido vagué,

con el rompecabezas maldito de mi fe.

 

 

CRECIENTE

 

Ahora sólo comparto las cenizas en la piel,

briznas de aliento cerrado.

 

 

Enamorada

de unos ojos al acecho,

de un anónimo deseo que desaparece

con el primer respiro del atardecer.

 

Entrego la poesía,

dejo que se escurra entre mis dedos,

en los labios, mientras besan pasión

en otros labios.

Entrego a otros ojos el fantasma,

la sombra pálida de un verso agonizante,

casi extinto

por instantes inquieto, casi ausente.

 

El tiritar de la noche

enuncia la despedida.

Estrellas y un seis sobre la puerta,

procrean un recuerdo fugaz.

 

Profecía muda

que vuela tras un último beso,

busca ceñirse a la marea oscura de tu cabello,

en el horizonte de tus ojos

otra vez, otra vez

casi…

al cerrar la puerta

 

 

 

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INCOHERENCIAS (poemario) Part 2

ALMA A.C. CARBAJAL GUZMÁN

 

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IMPRECISO

 

Levanta las cejas

y retírate de la escena.

 

¿Quién eres?

¿Qué sabes?

¿Qué vives?

¿Qué muere?

¿Un sentimiento, una idea?

¿Buscas perder?

– Yo sí, cuando respiro.

¿Dejas protocolos sobre la mesa, luego de la cena?

¿No sabes quién eres?

 

 

Preguntas, preguntas

de sogas al cuello,

cocinadas y condimentadas

para ser lo más imprecisos posibles.

 

 


 

 

 

 

COSTUMBRES

 

Pesadilla en la casa de papel.

 

La radio toca una canción

donde canta la ingenuidad humana.

Tu habitación,

llena de intentos ensangrentados,  invisibles,

restos en el piso,

de los posibles tú

a medio vestir

sin traje de látex.

 

Apagas la luz

y regresas al juego de la muñeca,

entre los dedos, arriba y abajo

buscas adivinar tu futuro en líneas dispersas,

donde el ADN, se confunde con el monte de Venus.

 

La superficie se enfría

y cuelgas la superstición del accidente previo

sobre el picaporte.

La grieta,

la proximidad,

el grito.

El autor busca estar solo, esa es la costumbre.

 

 


 

 

 

FIJACIÓN

 

 

16 minutos,

fantasía incomprendida,

la duración de la ansiedad

entre mis pies

al azar.

 

 

Una fotografía incompleta,

plasma blasfemia, personalidad, ojos a medias.

La máscara contiene normalidad,

el rostro,

la espiral.

 

 

El vuelo del cucú,

el arraigo de un recuerdo,

debajo del ombligo,

dejo el más pequeño de mis dedos.

 

 

 

 

 

 


 

 

PRAY

 

Taciturno,

observo duplicarse la figura.

Estatuas con alma artificial

se mueven   un poco más,

tras el velo de una penitencia servicial.

 

 

El ardor,

las armas,

mueven irreverencias,

repetitivas,

incontables,

sobre las paredes de la abadía

quedan petrificadas,

perdidas,

amenazadas,

destrozadas al final de la calzada,

donde los muertos ciernen el último discurso.

 

 

Una sed sobrenatural

me obliga a escribir,

una oración,

un deber contagioso,

cosecha lo peor de mi culpa

y al mismo tiempo,

se convierte en mi armadura.

 

 


 

 

 

CONFESIÓN

 

Abundantes siluetas,

espaldas cercenadas por abrazos  desiguales,

quedan atrás,

tras el cerrojo frío

de un jirón.

 

Hogueras como puertas,

habitan en la consagrada infamia

a punto de abrirse,

a punto de quebrarse.

 

En la hornacina queda un aire divino

donde la guerra se instaló,

ligera como una pluma

la deidad huyó,

dejando las llaves de la verdad

al Dios de la ficción.

 

 

 


 

 

 

 

VISCERAL

 

 

Fabula azulada,

una pieza sin usar.

 

El origen de un abrazo,

la costumbre rota

y el estruendo antiguo,

todo es parte de lo mismo

… la exhumación del alma.

 

 

La distracción,

el beso original y la permanencia venial,

la absolución,

lo insaciable

…queda sin disección.

 

 

 

 

 


 

 

 

CUANDO LA LUZ SE HA IDO

 

Cuando la luz se ha ido

no quedan quejas,

insinuaciones

ni perturbaciones de carne y hueso,

solo ojos

quedan ,

como testigos del reflejo ahogado,

lo que nunca será,

la asechanza muerta del milagro.

 

 

 

Cuando la luz se ha ido

todo está permitido,

la muda alabanza,

el plagio de la sonrisa

la expresión,

el mensaje conspicuo

del incesante repetidor.

 

 

Cuando la luz se ha ido

quizá,

quizá

la pregunta se ha ido,

lo inhóspito,

lo normal,

la necesidad de hierro.

Nos veremos

en el último encuentro.

 

 

 

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INCOHERENCIAS por ALMA A. C. CARBAJAL GUZMÁN se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Lazarus

Por: Alma A. C.  Carbajal Guzmán.

 

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Los sortilegios son senderos de palabras, que pueden volver al pensamiento una pesadilla eterna, o bien transmutar la fantasía en realidad;  la mirada indemne de un amante, después del accidente del beso, es  algo parecido, más poderoso, dejando el alma en una especie de letargo, entre nudos interminables de caricias.  El pensamiento no puede sintonizar otra imagen. ¿Que quedará al final del purgatorio emocional? ¿Quién sera apresado y quién el carcelero de tan abstracto encanto?

 

 

Anne, era una mujer que rozaba los 16 años, se puede decir que rozaba porque no había mudado su piel de 15; se encontraba  semidesnuda recostada en la cama, tocándose con el dedo meñique  el clítoris,  entretanto,  recitaba levemente y despacito un nombre ininteligible, ese único susurro  despertó al demonio que residía en el umbral de su puerta.

 

– ¡Calla! Basta.  Deja de nombrarle. Acaso no sabes que transpiras azafrán y caléndula. Puedo olerte desde lo profundo de mi caverna y apestas a enamoramiento, no uno cualquiera, porque sigues hechizandote tu sola sin darte cuenta. Tus labios al nombrarlo van tejiendo cuerdas.

 

Después de la llamada de atención, el demonio observo sus pupilas, a modo de medico, mientras Anne seguía recitando el nombre una y otra vez de aquel hombre que recién había conocido hace dos semanas.

 

– Tu alma esta dormitando. ¡Perezosa! – grito –  Pudieras estar despierta de este lado de la puerta, pero en el otro estas embalsamada por un beso y lo peor envuelta en cadenas por un espíritu lunar inmundo,  por una mirada, insignificante mirada humana. Esto es el colmo de la idiotez.  Aprendiz de bruja, tantos años con ustedes, generaciones excelsas casi al principio de la sórdida guerra; eres una vergüenza, estos encantamientos deberías soltarlos  con facilidad tú al viento cual veneno.

 

La joven pronto pareció despertar de la somnífera alegoría sexual  en la que se encontraba.

 

– ¡Lazarus! ¿Quién te ha dado permiso de salir del circulo?

 

– Tú, o lo poco que quedaba en la superficie de tu mal juicio. Una especie de alarma, si necesitas asistencia. El fragmento más superficial de tu alma actúa como proyección astral.

 

Luego de esta súbita e innecesaria explicación puesto que Anne ya sabia el porque de estos menesteres, Lazarus   la abofeteo a garra ardiente.

 

– Por ¡Satanás ! ¿Que te sucede? ¿Porque me golpeas?

 

– Es un recordatorio de tu insensatez. Hasta la maldad necesita disciplina en  algunas ocasiones. Puedes explicarme como ha sucedido esta desavenencia. Soy la burla favorita en los círculos del infierno por tu causa. Tus generaciones no solo se revuelcan en la inmundicia, escupen en tu nombre,  a la última sangre de tu estirpe. Que decepción de discípula ha terminado por tocarme. Sin embargo es buena una reprimenda si es que hay sangre involucrada.

 

Anne sangraba profusamente del rostro por la bofetada, pronuncio tres palabras y su cara volvió a tener la palidez y firmeza de siempre; se levanto de la cama y tomó de la cómoda una bata para cubrirse, ya que  después de haber despertado de la ensoñación, el frió lengüeteaba  juguetón sobre sus pequeños y frágiles pezones.

 

La joven se sentó sobre la cama entrecruzando las piernas, con mirada ajena y dispuesta a escuchar su penitencia, miró a su interlocutor con ojos de oveja, suspiró y exhaló entre los labios el nombre de su enamorado.  Por los 40 cuernos de Lazarus sudaba la desesperación, ansiaba escuchar las razones por las cuales su aprendiz se había dejado hechizar tan vulgarmente.

 

– Lo conocí en un bar;  su mirada estrecho en su recorrido cada parte de mi cuerpo.Él se acerco hacia mi, entablamos una conversación simple – esas que llevan comentarios inútiles, risas, estupideces y  excesos de sarcasmo – luego nos encontramos en ese reflejo de miradas interminables, no podía dejar de mirarle, quería entrar en él.  Deje que cruzara con las manos  la frontera,  en la que mi blusa actuaba como cerco ante una piel exaltada. Busqué la desnudez  parcial de todas las partes implicadas. El reloj nos jugo una mala pasada y se abalanzo sobre nosotros,. la luna se encargo de iluminarme el camino de regreso a casa.  Él traspaso el umbral de la puerta corrediza del apartamento; con sus dos manos en forma de plegaria me tomó del rostro y aproximó sus labios a los míos. En un rezo desesperado, fuimos besando a la pasión por pasión, pero a mi me sucedió algo curioso, fui hilando esos recuerdos involuntariamente, pactando con las sensaciones para retenerlas en el alma, el mayor tiempo posible  – no quería hacerlo, sin embargo, no me resistí  – entonces sus ojos me atraparon y me rendí al  encanto, al calor y presencia de su cuerpo. Caí en una especie de adormecimiento, me recosté sobre la cama;   invadida bajo el yugo de su abrazo  el hechizo comenzó, recite su nombre tres veces cuando me desprendí de la blusa y el sujetador. Seis veces más, y  solo me quede con las bragas puestas. Nueve veces por nueve  y no pude evitar que la lujuria como una fiera, devorase e  invadiera mis sentidos. Y así empece un sortilegio interminable con su nombre palpitando entre mis dedos, mis labios y mi pecho.

 

Para mala fortuna de la chica, el haber relatado con tanto entusiasmo el acontecimiento, le puso de nuevo en un suave y enervante aturdimiento, por lo que comenzó a recitar  de nuevo el nombre imborrable de aquel hombre desconocido.

 

Lazarus la tomó en  sus brazos.  Con una de sus garras estiro su lengua y con el asta numero 36 se la corto. Anne fue liberada en un grito mudo, quedó en las lagunas quietas del silencio por un tiempo, hasta que su lengua fuera creciendo con el paso de los meses.

 

 

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